Perfiles Urbanos
Herida que no cierra

A 23 años de la partida de “Pincha” Centeno: la memoria intacta de un joven distinto

Francisco Centeno, apodado “Pincha”, fue recordado por su estilo rupturista, su amor por el punk y su fuerte personalidad.
Compañeros y amigos de Pincha mantienen viva su historia con placas, fanzines y proyectos culturales que rescatan su legado.
La causa judicial quedó sin condenas, pero el caso impulsó cambios en el Código Procesal Penal y el “código de nocturnidad” en Misiones.
Marchas y homenajes en Posadas recuerdan cada año a “Pincha” Centeno, el joven que marcó a toda una generación.
Anazul Centeno, hermana de Francisco, mantiene viva la memoria de su hermano y reclama justicia a 23 años de su muerte.

Francisco Javier “Pincha” Centeno murió el 22 de septiembre de 2002 tras las heridas sufridas en una pelea a la salida de un boliche en el microcentro posadeño. Sus agresores fueron beneficiados con la falta de mérito. Su hermana, la diputada Anazul Centeno, revive su historia y el recuerdo imborrable de un adolescente rupturista que marcó a toda una generación.

Aquella madrugada del 22 de septiembre de 2002, Francisco “Pincha” Centeno salió como tantas veces lo hacía con sus amigos. Tenía 17 años. Pasaron por bares del centro y terminaron en el boliche “El Ángel”, sobre calle Córdoba. Alrededor del amanecer, una discusión con otros jóvenes derivó en una pelea.

Testigos relataron que fue golpeado por Carlos Silvestrini y Lucio Mariani. Quedó en el piso mientras los agresores se alejaban en un auto. Su amigo Alexis Rafstópolo lo ayudó a llegar hasta su casa. Horas después, al mediodía, su padre lo encontró sin vida. El joven había sufrido un paro cardiorrespiratorio.

La noticia sacudió a Posadas. No solo por la tragedia de un adolescente querido, sino porque la investigación judicial terminó sin condenados. La causa se cerró con una falta de mérito que aún hoy duele en la familia.

Un pibe distinto

Anazul Centeno tenía 13 años cuando perdió a su hermano. Hoy, con la madurez que le dio la política y la vida, lo recuerda con la misma admiración que entonces: “Francisco era un distinto. Había nacido en La Plata, se había criado ahí, y llegó a Posadas con otra cabeza. Tenía una personalidad fuerte, defendía lo que creía justo, pero a la vez era cariñoso y muy amigo de sus amigos. Era testarudo, sí, pero también muy sensible”, cuenta.

Su estilo también llamaba la atención. Se vestía como nadie, cortaba las mangas de las remeras porque le gustaba así, escuchaba punk y rock en tiempos en que en Posadas eso era poco común. “Era rupturista, iba contra la corriente. Nosotros siempre nos preguntamos cómo sería hoy su vida. Nunca tendremos esa respuesta, quedó trunca”, admite Anazul.

La noche y el después

La familia supo lo que había pasado recién días después. En un primer momento, el parte médico habló de una muerte súbita. El cuerpo fue cremado sin que mediara autopsia.

Luego, los amigos empezaron a contar lo ocurrido. “Ahí todo empezó a resonar. Vinieron los testigos, más de veinte, todos diciendo lo mismo. Y aun así la causa se cerró con una falta de mérito. Fue una injusticia total”, recuerda la diputada.

El dolor de aquel domingo quedó grabado en su memoria como flashes. “Yo fui a despertarlo y me dijo que lo deje dormir. Después mi papá lo fue a buscar. Era médico, intentó reanimarlo, pero ya estaba en paro. Es la imagen más dura: mi papá haciendo RCP a su propio hijo. Eso no se olvida más”.

Justicia ausente, heridas abiertas

La investigación judicial nunca avanzó. Los señalados fueron sobreseídos por falta de mérito. “No los declaró inocentes, pero tampoco culpables. Quedaron en un limbo. Y en ese limbo vivimos nosotros, con la bronca de ver a los responsables caminar libres. Mi viejo murió sin justicia para su hijo, y eso es lo que más bronca me da”, lamenta Anazul.

La causa dejó enseñanzas. En Misiones, a partir de ese caso se incorporó la figura del querellante particular al Código Procesal Penal. También se implementó el “código de nocturnidad” que aún sigue vigente. Sin embargo, para la familia todo llegó demasiado tarde.

La huella en los demás

A pesar de la tragedia, el recuerdo de Pincha se volvió colectivo. Sus compañeros organizaron marchas, sentadas y homenajes en la Escuela Nacional. Una placa todavía guarda su nombre.

“Lo más increíble es el amor que despertó y que sigue vivo. Yo sentí su presencia en el colegio, en los profesores, en los amigos. Años después me encontré con personas que no lo conocieron pero que sabían su historia. La memoria es un activo fundamental, y en eso sus amigos jugaron un papel irreemplazable”, dice Anazul.

Ese amor también se transformó en proyectos culturales. Uno de sus amigos escribió un fanzine sobre su vida que busca convertirse en libro y en obra audiovisual. “Es impresionante. Veintitrés años después, siguen apareciendo recuerdos, siguen apareciendo amigos. Es como seguir conociéndolo a través de ellos”.

Dolor y semilla

Anazul reconoce que mucho de su compromiso político tiene raíz en la semilla que dejó su hermano. “Uno es en virtud de lo que vivió. Yo no puedo desentenderme de esa parte de mi vida. Son dolores que me van a acompañar siempre. Algunos se transforman en lucha, otros quedan como bronca y dolor. Pero Francisco me marcó, nos marcó a todos”.

La historia de Francisco “Pincha” Centeno no terminó aquel 22 de septiembre de 2002. Sigue viva en la memoria de su familia, en las amistades que aún lo recuerdan y en los cambios sociales y judiciales que impulsó su caso.

Un joven distinto, un hermano querido, un hijo al que la vida le fue arrebatada antes de tiempo. Su ausencia sigue pesando, pero también lo hace la certeza de que, a pesar de la injusticia, su huella permanece intacta.

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