Por Matías Fernández, especial para NOVA.
El Viernes Santo de la Pasión del Señor es un día dedicado a conmemorar la crucifixión y muerte de Jesucristo.
En este día, la Iglesia invita a meditar sobre el sufrimiento y la muerte de Jesús, así como sobre el pecado y el mal que oprimen a la humanidad.
La liturgia del Viernes Santo se centra en la adoración de la Cruz, que no se considera un símbolo de muerte, sino una fuente de vida auténtica y esperanza.
La Iglesia nos presenta el Crucifijo para que lo adoremos, reviviendo el camino del Cordero inocente sacrificado por nuestra salvación.
Este día se caracteriza por un ambiente de recogimiento y silencio y se invita a los fieles a unirse al sufrimiento de Cristo con penitencia, ayuno y oración.
El Viernes Santo nos recuerda el sacrificio de Jesús por la salvación de la humanidad y nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida y a seguir el ejemplo de Cristo en el amor y la entrega a los demás.
Es un día para recordar a los "crucificados" de nuestro tiempo, las víctimas inocentes de la guerra, la violencia y la injusticia, encontrando consuelo y significado en su sufrimiento a través de la imagen de Jesús crucificado.







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