Perfiles Urbanos
Exclusivo de NOVA

Juan Carlos Marchak, el reportero gráfico que marcó un camino

Más allá de decenas de premios y kilómetros recorridos, Juan Carlos Marchak es reconocido en el ámbito por su predisposición, sus ganas de aprender de manera constante y su buen trato con sus colegas.
Además, aconseja a las futuras generaciones de periodistas y fotógrafos.
Como fotógrafo cubrió más de mil carreras.
Fue el protagonista de la foto que recorrió el mundo y consagró a las Cataratas del Iguazú como maravilla natural.
También fotografió al Amazonas bajo el mismo premio.
Capturó el momento exacto en el que un zeppelin sobrevuela la inmensidad de las poderosas Cataratas del Iguazú.
Cubrió más de mil carreras y fue el encargado de algunas fotografías únicas que recorrieron el planeta.

Como fotógrafo cubrió más de mil carreras. Fue el protagonista de la foto que recorrió el mundo y consagró a las Cataratas del Iguazú como maravilla natural. También fotografió al Amazonas bajo el mismo premio.

Más allá de decenas de premios y kilómetros recorridos, Juan Carlos Marchak es reconocido en el ámbito por su predisposición, sus ganas de aprender de manera constante y su buen trato con sus colegas.

Además, aconseja a las futuras generaciones de periodistas y fotógrafos. Cubrió más de mil carreras y fue el encargado de algunas fotografías únicas que recorrieron el planeta.

La primera cuando sobrevoló las Cataratas del Iguazú para su consolidación como una de las siete maravillas naturales. La otra, cuando capturó las imágenes del Río Amazonas, bajo la misma denominación ante los ojos del mundo.

“Tuve una infancia dura. Muy complicada”, comentó Juanca, como se lo conoce en la tierra colorada. A sus ocho años sintió un golpe que lo cambió para siempre: el fallecimiento de su madre. Vendió diarios y lustró zapatos para colaborar con su familia.

Cuando llegó a Posadas tras varios años vividos en Alem y la chacra, caminaba varios kilómetros hacia el centro de la capital misionera para vender limones. Poco a poco, forjó grandes amistades. Muchas de ellas, aún las conserva.

Un tipo tranquilo, lleno de humildad, talento y un don: retratar momentos únicos a través de la lente de su cámara.

Fierrero de ley, cubrió como reportero gráfico más de mil carreras en distintas categorías y en varios puntos del país y la región. En su haber, tiene además 130 gorras de distintos colores, equipos de competición y corredores. Esos regalos lo protegen del sol, pero también le recuerdan su pasión: el deporte motor.

Si bien “las mejores fotos”, en el automovilismo son aquellas que se producen durante un “chapa-chapa”, un vuelco o un accidente, uno no puede perder su humanidad. “Son lindas fotos, pero hay que entender que dentro de esos autos hay un hijo, un hermano, un amigo. En fin, una persona”, comentó Juan Carlos.

Su vínculo con la fotografía comenzó en el diario El Territorio, pero no sin antes recorrer un camino previo. “Un amigo me llevó a lavar autos. Nos encargamos de los vehículos del personal”, comentó Juan Carlos. Poco después, comenzó a trabajar en intendencia, también dentro del diario.

Este proceso lo llevó a interiorizarse y a conocer a quienes eran en ese entonces, “los dueños de las cámaras”. Fue chofer y poco a poco y gracias a sus primeros maestros, comenzó a “agarrarle el gustito”. Aprendió cada mecanismo porque en ese momento, el sistema analógico era diferente. Mucho antes de la era digital.

Con el tiempo desarrolló su propio estilo, como lo tiene cualquiera. El no optó por imitar o mejorar los conceptos de otros reporteros gráficos. Trazó su estilo que lo caracteriza hasta el día de hoy.

El 11 de noviembre de 2011 se produjo un hecho que cambió para siempre la historia de Misiones: las Cataratas del Iguazú fueron proclamadas como una de las Siete Maravillas Naturales de la Humanidad. Juanca fue protagonista desde el día uno cuando su fotografía dio vueltas al planeta.

“Todos los caminos de la fotografía en Misiones conducen a Marchak”, dijo un reportero gráfico de un reconocido diario nacional: tenía razón.

Juanca tenía una misión: capturar el momento exacto en el que el zeppelin sobrevuela la inmensidad de las poderosas Cataratas del Iguazú. “Poco antes de subir al helicóptero supe que el dirigible pasaría una sola vez y no volvería nunca más a sobrevolar las cataratas”. Planificó todo en tierra, calculó la distancia y gracias a “la luz suave y sin reflejos en el dirigible la foto pudo salir”.

“Cuando descargué los archivos de manera automática me dijeron ¡Esta es la foto!”, comentó Marchak. Tiempo después, volvió a ese mismo escenario pero ya, para la consagración de las Cataratas como Maravilla Natural Mundial.

Sus buenos trabajos lo llevaron a ser contratado por el mismo organismo internacional, pero ya no para que su talento se deslice sobre tierras argentinas o brasileñas sino, peruanas. Lo convocaron para fotografiar al mítico Río Amazonas.

“Fue excelente volar ese lugar con el helicóptero de las fuerzas aéreas de Perú y navegar por el Amazonas. Fue una experiencia magnífica”, mencionó Juan Carlos.

Juanca tiene en sus vitrinas una medalla muy especial, que simboliza como (en parte gracias a él) esos dos lugares son reconocidos como maravillas naturales del mundo.

Cerca de su jubilación (porque los años pasan para todos), tomó una decisión en los últimos meses que denota un cambio fundamental: dejar de cubrir automovilismo.

Sea por los viajes o los propios riesgos, ahora prefiere quedarse a descansar, disfrutar de sus hijos y sobre todo, del tiempo.

Más allá de ser un reportero gráfico reconocido por sus colegas y aquellos que han compartido una (o más) coberturas con él, se lo conoce por su buena predisposición. Pasó quizás una de las transiciones más importantes para la comunicación en el mundo: de lo analógico a lo digital.

Para poder aggiornarse a esto, Marchak comenzó a leer libros completos de fotografía. Es un erudito en la materia y tal es así que guía y orienta a aquellos que dan sus primeros pasos.

En fin, Marchak es querido en el ámbito por su talento, su trabajo y humildad. Pero sobre todo, es famoso en las calles por su sonrisa y personalidad tranquila, de saludo firme y respeto constante.

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